Como sabes, hace ya un año que entró en vigor una nueva ley según la cual las viviendas debían tener una certificación energética a la hora de alquilarse o venderse. Sin embargo, a pesar de haber entrado, y de que hay muchos que han querido cumplir con la legalidad, lo cierto es que no ocurre así.

Según los datos que se barajan, hay actualmente solo 650.000 viviendas con el certificado energético. El resto de viviendas no han hecho nada a pesar de que hay una ley que obliga a tener ese certificado.

Aun a pesar de la normativa, más de 8,5 millones de viviendas se han construido sin tener en cuenta la eficiencia energética y, de aquellas que lo han obtenido, se deja claro que el 85% de las mismas reciben calificaciones bajas.

Para que te hagas una idea, la certificación energética se basa en una serie de grupos que determinan si una casa es eficiente energéticamente, es decir, si ahorra energía o, por el contrario, la gasta. A este respecto se tienen varios grupos siendo los más eficientes el grupo A y B mientras los medios son C, D y E para, los últimos de todos, el F y G que son los que podrían recibirse en viviendas con más de 30 años de antigüedad.

En cuanto al precio del certificado, esto también es lo que ha hecho que muchos no cumplan con el trámite debido a los altos precios que se pusieron en el mismo nada más salir (hablábamos de un mínimo de 120 euros por certificado, los más baratos ya que lo normal eran 250 euros). Ahora, la cosa ha cambiado porque se ha producido una reducción del 50% pasando a costar unos 60 euros. De todas maneras, ni siquiera el descenso del precio está haciendo que se saque el certificado salvo en los casos que realmente haga falta).