He tenido dos experiencias casi seguidas de alquiler de pisos de la “gama baja” en Madrid y aunque lo desconozco, considero muy probable, que el fenómeno observado sea parecido al que esté ocurriendo en todas las ciudades de España.

A mi hijo se le quedó pequeño el piso donde vivía, un apartamento de un solo dormitorio en un barrio periférico de Madrid, pegado a la M40.

Naturalmente al precio que están hoy los pisos, ni se le ocurrió pensar en comprar uno, así que se dedico a buscar un piso en alquiler y yo le ayudé en la búsqueda, buscaba un apartamento con dos dormitorios en un barrio similar al que vivía.

No había excesivos pisos de esas condiciones en alquiler, pero pese a todos vimos más de media docena y después de mucho sopesar los pros y contras de cada uno, se decidió por uno de 815 € mensuales, cifra alta, pero que a mi juicio se justifica por ser un apartamento realmente amplio, de unos 60 metros de superficie útil con dos amplios dormitorios cada uno con su armario empotrado, además de un amplio salón, un cuarto de baño, una cocina suficiente, terraza y tendedero. En conjunto un buen piso

Pese a ser un barrio alejado del centro, (el antiguo pueblo de Hortaleza), tiene una boca de metro al lado de su casa, con lo que puede considerar bien comunicado, y eso es exactamente lo que estaba buscando. El único problema, a mi juicio grave, es que es una zona de muy difícil aparcamiento, sobre todo a última hora de la tarde, cuando todos vuelven a casa, pues es un barrio dormitorio de los años 60, o sea construido sin garajes en los edificios y calles anchas pero sin zonas de aparcamiento.

Entre la mudanza al nuevo piso, las fiestas navideñas que todo lo paralizan y dar una mano imprescindible de pintura al piso que dejaba, el poner en alquiler el viejo apartamento se demoró más de lo previsto y no pudo comenzar a anunciarse hasta finales de enero, casi dos meses después..

¡Como había cambiado la situación del mercado!. Pusimos el anuncio del alquiler en Idealista y nos frieron a llamadas. Habíamos previsto enseñar el piso entre 6 y 8 30 de la tarde y reunimos un altísimo número de visitas para esa tarde.

Una joven nos solicitó ir un poco antes, pues tenía problemas de trabajo, lógicamente asentimos a enseñárselo a las 5, 30. Cuando llegamos al piso para enseñarlo, ya estaba esperándonos en la puerta. Subimos al piso, dio una rápida mirada al apartamento, que siendo de 40 metros y sin amueblar, poco tenía que ver, y sobre la marcha, indicó su deseo de alquilarlo, nos entregó una serie de documentos que llevaba consigo, fotocopias de contrato de trabajo, DNI, nomina etc., Estaba dispuesta a hacer allí mismo entrega en metálico del mes de fianza como señal y no piso la menor objeción a hacer una aval bancario.

En poco más o menos un cuarto de hora habíamos alquilado el piso, el resto de la tarde se fue llamar a quienes teníamos el teléfono para decirles que no se molestaran en ir a ver el piso y al resto esperarlos para enseñarles el piso e indicarles que si lo deseaban les pondría en lista de espera, por si por la razón que fuera no se llegaba a alquilar el piso, Dejamos cuatro en lista de espera. ¡Habíamos encontrado en una tarde y un solo día de anuncios cinco inquilinos para nuestro apartamento!

Cuando en posteriores reuniones con nuestra inquilina, ella se sinceró, nos reconoció que el adelantar la hora de visita fue un truco al que recurrió, harta de que le “pisaran” los pisos que le gustaban, que vio el apartamento en Internet y que como tenía buena pinta y se ajustaba a lo que ella estaba buscando, recurrió a todos los trucos para hacerse con él, antes de que los demás se le adelantaran.

Entre estas dos experiencias no ha habido más cambio en el sector inmobiliario, que el anuncio de la subvención de los 210 € a los jóvenes para irse de casa de sus padres. Sinceramente pensé que ese anuncio no tendría tanto efecto en el mercado, pues las condiciones para recibirlo son tan restrictivas, que quien realmente las reciba será un número muy pequeño de personas. Tengo tres hijos, viven todos en pisos de alquiler y los tres comparten pisos con su pareja. De seis personas, solo uno, (el que ha alquilado el piso), puede acogerse a la subvención, pues unos exceden en edad y otros carecen de contrato fijo de trabajo que presentar, (aunque no de ingresos), y por ello, pese a ser, a mi juicio, estos últimos los mas necesitados por tener ingresos regulares, quedan fuera de la ayuda.
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Independientemente de lo demagógico que haya sido la subvención y de lo inconsecuentes que sean los criterios para concederla, considero que han hecho con ello un flaco favor a los jóvenes en general necesitados de pisos en alquiler. Han recalentado el segmento de pisos más barato, soltando de golpe unos centenares de nuevos buscadores de pisos pequeños por todas las barridas no excesivamente caras.

Por un joven al que hayan ayudado, va a haber diez, jóvenes o no tan jóvenes, que paguen las consecuencias. Cuando se enterarán, nuestros gobernantes, tanto los que están en el gobierno, como los que están en la oposición, que para poner al alcance del público viviendas, en compra o en alquiler, no importa como, más que facilitar la adquisición de las mismas al público, hay que facilitar la puesta en oferta de mayor número de viviendas posibles. El aumentar la demanda solo facilita la vida al que al que ofrece un bien no al que lo busca..

Y leo algo en El Mundo que me asusta aun más todavía. Según parece los jóvenes favorecidos con la ayuda se están transformando en piezas buscadas por los arrendadores, pues parece ser que la exención de impuestos a quien alquile sus pisos a jóvenes, y las últimas medidas adoptadas para favorecer a trabajadores de entre 22 y 30 años que vivan en régimen de alquiler dificultan aún más quienes quedan fuera de ese cupo. Solo falta que las ciydades se transformen en lugares de sitios vacios esperando a quien nos libre de pagar los Impuestos sogre la Renta, miemtras que las calles se llenan de desherdados que no cumplen algún requisito.

Convénzanse señores políticos que solo una oferta abundante, hará que bajen los precios, como ya está comenzando a pasar en los pisos en venta. Los viejos y probados principios de la oferta y la demanda funcionan exactamente igual, para las viviendas que para las naranjas, con una sola diferencia, que los inmuebles, como su nombre indica, no pueden desplazarse en busca del cliente, Pueden faltar pisos en Sevilla y sobrar en Tarragona y aunque estadísticamente haya pisos suficientes para todos, dos ciudades sufrirán los problemas. Salvo eso nada nuevo sobre la tierra que no esté inventador.

¿Desean que salgan miles de pisos en alquiler para que bajen los alquileres? – Garanticen el cobro de las rentas a los propietarios.

¿Como? – Pues debería ser suficiente con el buen funcionamiento de los tribunales, pero parece que eso es pedir un imposible, Por ello solo se me ocurre una solución, corra el Estado con el riesgo de no cobrar.

Cuando inquilino y arrendatario hayan pactado libremente un contrato de alquiler, lleven el contrato a un organismo oficial, por ejemplo a la Consejera de Vivienda de cada Comunidad Autónoma y que el inquilino pague directamente a la Consejería y que esta, una vez hecha una retención a cuenta de los Impuestos sobre la Renta en función del importe del alquiler, pague al propietario en cualquier caso, y que cuando el inquilino decida irse, un inspector visite la casa y dictamine y valore los daños que haya podido hacer el inquilino, actuando nuevamente la Consejería de intermediaria.

Con esto, el propietario tiene garantizado el cobro de mensualidades y está a cubierto de los daños que el inquilino produzca y saldrán miles de pisos que hoy están cerrados o intentando inútilmente la venta y con ello bajarán los alquileres.Por otra parte, el inquilino pagará en la mayoría de los caso, pues el contendiente no es un particular desamparado de la Justicia, sino el propio Estado con toda su fuerza coercitiva, la que demuestra a la hora de cobrar los impuestos.

Esto no perjudicará en absoluto al inquilino honrado que cumple sus deberes sino al sinvergüenza que hoy se i.e. de todos. Por otra parte la Administración tendrá idea clara de los importes de los contratos firmados y podrá cobrar sin problema los impuestos de un sector que tradicionalmente los ha escaqueado. Y todos tan contentos.