Si hay una profesión con mala fama, es la de Agente Inmobiliario, la opinión generalizada del público es que se lo llevan crudo con no hacer nada más que abrir un chiringuito al público, poner unos carteles, y buscar unos mileuristas que acompañen a las los clientes en las visitas a los pisos.

Lo malo es que la idea está tan extendida que muchos se lo creen. Creen que una agencia es un negocio sencillo, que casi no necesita capital y que consiste, en captar como sea viviendas para vender, anunciarse un poco y enseñar pisos a ver si pican.

Así que cuando una de las quinientas grandes empresas del país empieza a deshacerse de la gente con 52 tacos, como tiene difícil encontrar trabajo como empleados que es lo que les gustaría, optan como solución laboral a los trece años que les restan para alcanzar sin ahogos la edad de jubilación legal, por invertir la indemnización en un negocio sencillito, por ejemplo una franquicia inmobiliaria. Ello ha dado lugar a una proliferación inaudita de oficinillas amparadas bajo cualquier bandera, con gente que del negocio inmobiliario, solo sabe algo de cuando compró su propio piso.

Como no hay mal que por bien no venga, los actuales problemas del sector, están dando lugar al cierre masivo de negocietes, mal enraizados y mal llevados, que solo pudieron resistir unos años, a la sombra de un boom inmobiliario sin precedentes. Es triste, aunque inevitable, que haya un motón de cincuentones que pierdan la indemnización de una vida laboral en esta aventura, pues todos sabemos que la poda es necesaria para que el árbol de buenos frutos en el futuro, pero ese razonamiento, no suele consolar a la rama que cortan de un hachazo.

Sin embargo, el problema se ha complicado, porque en estos años, el negocio de la intermediación inmobiliaria ha cambiado profundamente y no solo los inexpertos de última hora, sino muchos de los profesionales de toda la vida, van a perder el tranvía del cambio y para muchos, supondrá perder el último tranvía que pasará por su lado y aunque no lo saben, se eternizarán en la parada esperando subirse en el siguiente que nunca llegara.

Pretendo explicar estos cambios para que cada cual medite, no lo que se viene encima, sino lo que ya está aquí, y aquel que aun piense en la franquicia inmobiliaria o quien ya esta dentro del negocio, contemple el panorama y haga lo que crea conveniente para afrontar los cambios que se avecinan, pues, como siempre, hay que intentar subirse a la ola que viene, pues abre nuevas oportunidades de negocio y empujará a quien sepa tomarla, pero el que permanezca estático y pretenda aguantarla a pié firme, lo más probable es que no tenga fuerza suficiente y sufra un revolcón.

Todos sabemos cual es la profesión más antigua, por ello no hablaré de ella hoy, la segunda profesión, fue otra también odiada y despreciada, los recaudadores de impuestos. A continuación apareció otra, también vilipendiada y despreciada, la de intermediario en ei negocio las cuevas trogloditas, los Agentes Inmobiliarios, que como su nombre indica, permanecieron inmóviles, es decir sin cambiar en nada durante siglos, simplemente aumentaron de tamaño como les pasó a los los dinosaurios, pues en el tamaño tenían su ventaja, hasta que algo cambió en su hábitat, que produjo una evolución en el gremio. Como el resto de los seres vivos unos se modificaron y adaptaron al cambio, otros no supieron cambiar y sus monumentales esqueletos alfombran el suelo esperando que los siglos los conviertan en fósiles buscados por paleontólogos que quieran estudiar la evolución.

El Pleistoceno

Comenzamos por explicar lo que cambio de pronto en los últimos veinticinco años y como ha influido en la evolución de la tercera profesión mas antigua de la historia, hasta transformar los escaso pero inmensos diplodocus en abundntes y pegajoso camaleones..

¿Que ha cambiado? – Lo más fundamental la forma como se une un piso, a un comprador.

De siempre había sido necesario intermediarios que centralizara, tanto la oferta dispersa por toda una ciudad, como la demanda, pues tanto le da en principio al comprador vivir aquí o allá, si la casa esta dentro de lo que puede pagar y cumple con sus requisitos de tamaño, calidad de barrio etc. El fichero era lo más importante y valioso de un negocio inmobiliario. Cuando aparecía un cliente por la puerta de la inmobiliaria, después de un corto interrogatorio, se recorría el fichero tratando de casar los deseos del comprador con las existencias a la venta. De ahí salía una reducida selección de direcciones, a las que eran conducidos los compradores para su aprobación definitiva.

La era de los diplodocus

El tener una buena selección de pisos a la venta y el proporcionar clientes potenciales a los compradores, justificaba las comisiones que se pagaban, pues sin ayuda de un agente inmobiliario, le era muy difícil al comprador encontrar la selección de viviendas que en principio se ajustaba mas o menos a sus deseos, y un sencillo cartel en el balcón proporcionaba visitas indiscriminadas, pero no una nutrida selección de clientes realmente potenciales, adecuados para tratar de vender un piso de con las características que tenía el del propietario..

Fue la época dorada de las grandes Agencias Inmobiliarias, pues el sistema fomentaba la concentración del mercado en muy pocas agencias. Por ejemplo, Madrid era en aquel entonces el feudo de Exclusivas Ramiro que entonces tenía un archivo completísimo de viviendas en exclusiva de venta situadas por toda la ciudad. Por ello los clientes iban desde todos los puntos de Madrid, a sus oficinas de Goya para ver que les ofrecían.

La concentración del negocio era inevitable, a mayor fichero, más probabilidad de encontrar la casa de tus sueños y a más clientes que iban a visitar la agencia, más fuerza para obligar a dar la venta de pisos en exclusiva, monopolizando de hecho la oferta existente. Entrar en el negocio era casi imposible, con tres o cuatro viviendas que no se llevaban los grandes, cada una de su padre y de su madre, no se podía satisfacer ni medianamente los deseos de quien por despiste atravesaba la puerta de la inmobiliaria. Era un mundo donde los dinosaurios crecían cada vez más y más hasta tener un tamaño descomunal..

La primera glaciacion fue de segunda mano

Un avance tecnológico vino a remover las tranquilas aguas de este negocio, hace ahora unos veinticinco años, se llamó Segundamano, un periódico que solo tenía anuncios por palabras gratuito.. De un plumazo acabó con la supremacía de las grandes Agencias Inmobiliarias, El monopolio de hecho que las agencias tenían sobre la oferta se vino a bajo. Su posición prepotente, les había llevado al abuso cobrando un 5% de las operaciones de venta, solo justificado por ser los detentadores de unas exclusivas de venta. Un 5% del valor de un piso es mucho dinero y la gente pensaba que si vendían directamente el piso, podían repartirse con el comprador la comisión de la agencia y por arte de birlibirloque pagar uno menos y recibir el otro más.

Segundamano ofrecía a vendedores y compradores el punto de encuentro que nunca habían tenido, la agencia había pasado a no ser imprescindible, se llegó a una falacia que todos los del gremio conocemos, yo lo voy a vender a tanto, sobre eso marque Vd. su comisión, como si las Agencias fuera magos que puede vender más caro que otro, no se sabe si debido a un conjuro cabalístico que potencia su poder.

La consecuencia más inmediata fue el fin de las exclusivas, pues el vendedor se quería reservar el derecho a vender directamente y ello supuso la puntilla para las grandes agencias, y el fin del monopolio de la oferta, un mismo piso se ofertaba en muchos puntos, como consecuencia hay pisos para el fichero de todos, los grandes y los pequeños, pues siendo igal múmero de pisos se multiplican las ofertas.

Comienzan a aparecer las pequeñas agencias de barrida situadas en sitios estratégicos de mucho paso, tradicionalmente cerca de los mercados, pues mientras no se demuestre lo contrario, quien compra los pisos son las mujeres y hace veinticinco años casi todas compraban en el mercado del barrio.
Las agencias de barriada se especializaron en eso, en su barriada, estando sentados quietos a la puerta de su tiendcita tineden como los camaleones su larga lengua pegajosa al paso de la clienta,desde un amplio escaparate llena de cartulinas con la mágica palabra, SE VENDE y siendo mucho más ágiles que los grandes, capta a las clientas in situ y sobre la marcha les enseña pisos que rara vez estaban más allá de cinco calles de su negocio y de vez en cuando señaliza un piso.

Un ejército de camaleones roban mínimas cantidades de comida a los grandes dinosaurios. Inicialmente solo son unas migajas, luego un continuo saqueo, mas tarde se llevan la cartera. Poco a poco los grandes comienzan a sucubir aplastados por su propia estructura, caen con estrépito al suelo, mientras una legion de minimos camleones, cada uno desde su rama contemplan el cuerpo caido, mientras con su larga lengua se disputan la presa que ronda cerca de su escaparate tapizado de cartulinas.
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Las pequeñas agencias mientras tanto,se multiplicaron como setas después de la lluvia, raro era el barrio que no tieme, no una, sino varias miniagecias, Es el ocaso de los grandes dinosaurios sustituidos por pequeños y ágiles depredadores insolentes y sin respeto a nada, que se apoderan de la pradera. Pero como en la historia de la evolución, pequeños cambios apenas inperceptibles junto a grandes cataclismos se unirán para pasar de la fase de apogeo absoluto, a una fase de decadencia que dará lugar a la aparición de nuevas razas adaptadas a los nuevos tiempos. Pero del apogeo y decadencia de la era de los camaleones hablaremos en el siguiente capitulo. Así poco a poco nos acercaremos a la era moderna, que es donde está la chicha de la historia.