Iniciamos hoy una serie que irá recorriendo los distintos mercados existentes de segunda vivienda en España. El presente capítulo se dedica a estudiar las razones que inducen al cliente medio para seleccionar un emplazamiento de su segunda vivienda y en los siguientes capítulos de la serie, se irán estudiando las oportunidades y riesgos de negocio que se vislumbran a medio plazo para cada uno de estos destinos.

Hay diversas razones de tipo económico que aconsejan a amplias capas sociales a adquirir una segunda vivienda como un método mixto disfrute y ahorro y del capital que a lo largo de una vida profesional han llegado a reunir. Si estudiamos los motivos que inducen a estos ahorradores a seleccionar un destino, aparte de motivaciones particulares que puedan tener en casos raros y atípicos, solo hay cuatro razones bien tipificadas de elección y una más de nuevo cuño, que mediante campañas de marketing se pretende introducir, como una alternativa mas entre los posibles destinos a seleccionar por el cliente que desean comprar la segunda vivienda.

La primera razón es la cercanía a la vivienda habitual. Es el turismo dominguero que bloquea las carreteras los fines de semana y puebla semanalmente el anillo situado entre los 50 y 100 Km.de las grandes metrópolis y de forma similar aparece también en las medianas y pequeñas localidades en anillos situados entre los 10 y 30 Km., pues los habitantes de Reus o León, que también viven en casas de pisos, se sienten tan alejados de la naturaleza como los de Madrid o Barcelona y gustan igualmente tener una segunda residencia en “el campo”, pero eso si, la desean a menos distancia que sus iguales de la gran ciudad, pues mientras en estas, los 30 Km. o más, es aún el radio que cubren los que están dispuesto a tener ahí su residencia habitual, en las ciudades menores, esa misma distancia, supone síiquicamente suficiente alejamiento de la rutina diaria. .

La segunda razón, es tener una casa en el lugar de donde se tienen las raíces, tener algo así, como un sucedáneo del lar familiar. Miles de españoles, que hoy habitan en ciudades, tienen, o desean tener, una segunda vivienda en el pueblo de procedencia, donde vivieron sus abuelos. Es el turismo del porrón y partida de mus, de la costillada en la era y la noche de la matanza, de la vendimia y los encierros, poblaciones de aluvión que abarrotan el pueblo durante sus fiestas patronales y que acabadas, dejan al pueblo, hoy casi abandonado por sus habitantes, como un lugar fantasmagórico, con las calles llenas de casa, cuidadas y en perfecto estado de revista pero cerradas a cal y canto, a la espera de unos lejanos dueños, que solo las pueblan escasos días a lo largo del año.

La tercera razón es el mar. La costa atrae como un imán a personas de toda la península y a los extranjeros. Es el TURISMO con mayúscula de este país, de Baleares a Canarias pasando por Málaga y Benidorm, sin olvidarnos de Santander o La Coruña. El turismo de los tres eses “Sable, Sun and Sex” que está hoy en plena evolución, pasando de la tradicional estancia de tres meses de la familia numerosa, con la mamá al frente y el padre, de Rodríguez, trabajando en la ciudad, a un lugar donde no cesar de llegar y partir hijos de la familia, con amigos incluídos, que durante una escasa quincena y a veces menos tiempo, pernoctan en la residencia familiar.

Este turismo ha cambiado de costumbres, las inacabables sesiones matinales de playa, se han mutado por frenéticas salidas a horas nocturnas hacia las vociferantes discotecas, animadas con gogós procedentes de todos los todos los meridianos del planeta, de rubias nórdicas a obscuras bantúes, mientras que en las mañanas, las antes abarrotadas playas, notan el alivio de que gran parte de los turistas se recuperen de sus correrías nocturnas y no se levantan, hasta casi la hora de comer, dejando las arena a disposición de las mamás con niños pequeños..

Este es un turismo que mezcla el apartamento ramplón en torre de muchos pisos, con la villa de lujo y amplio jardín al borde les mar, o la pensión de medio pelo, con el hotel de campanillas.

La cuarta razón es la práctica de dos deportes muy concretos, la nieve y el golf. Parece ser, que solo estos deportes tienen el suficiente gancho para decidir a una persona al desembolso de una fuerte cantidad de dinero para adquirir una vivienda permanente cerca del lugar donde piensa practicar su deportes favorito. No son los deportes más populares, ni los que tienen más practicantes, ni los únicos que necesitan determinados espacios o instalaciones para practicarlos, pero por alguna razón explicada, son los únicos que tiene gancho, como para conseguir que una persona compre una vivienda en su proximidad.

Ni buenos campos de fútbol, deporte mayoritario por excelencia, ni las pistas de karts, o instalaciones hípicas, deportes muy exigentes en cuanto a instalaciones se refiere, ni cualquier otro deporte o ejercicio que precise de amplios terrenos para ejercitarlo, como es senderismo o el rafting, consiguen despertar el deseo de una residencia fija cerca de los lugares donde se practican esos deportes. Los deportistas de treking, rafting, parapente, etc. se limitan a tener unos días de estancia en un hotel, o en una casa de turismo rural, cerca de donde ejercitan su hobby, pero ni tan siquiera consiguen arrastrar a la su familia como compañía, eso solo lo consigue el esquí y el golf, meditaremos en su momento sobre la razón de ello.

Hay por último una nueva tendencia que comienza a surgir en el mercado de la segunda vivienda. Son los “resort”, para definirlo podríamos decir que su slogan sería “Vivienda y diversión garantizada”. Son la evolución hacia la residencia en propiedad de la idea que movió a negocios como el Club Mediterranee y otros megahoteles en Iguazú o Punta Cana y otros lugares mas o menos idílicos,

Amplios complejos residenciales levantados entorno a unas instalaciones emblemáticas, como puede ser un pseudobalneario termal o un atractivo club social, siempre rodeado de todo tipo de servicios y tiendas destinadas a proporcionar todo lo que se pueda necesitar, de peluquería a ropa, pasando por comestibles o sucursales bancarias, sin necesidad de poner un pié fuera de las instalaciones del “resort”, así como una extensa oferta de ocio para todas las edades, de mini golf a de discoteca, pasando por los bailes de salón, o el bingo o los masajes, animados por monitores de tiempo libre

La idea es que en la estancia en el “resort” no se encuentre razón para abandonarlo, salvo el iresistible deseo de conocer que hay detrás del muro o de hacer por carretera algunos kilómetros en coche. Los ejemplos mas conocidos son Marina d’Or en Oropesa de Mar o Polaris World en Murcia, sin embargo, de forma más modesta, la idea comienza a surgir con fuerza, como forma de actualizar viejos balnearios y otros centros de ocio de tiempos pasados, o de introducirse en nuevos mercados buscando nichos no explotados, como la población sesentona o personas de determinadas nacionalidades nórdica, o teutonas.

En sucesivos artículos iremos explorando las posibilidades de negocio y riesgos a medio plazo, que se vislumbran en cada uno de los diferentes tipos de lugares adecuados para la segunda vivienda.