Con relativa frecuencia se dan casos de personas mayores, huraños, recluidos en su hogares que evitan el contacto con otras personas. Son personas que pueden padecer una enfermedad sicótica que se conoce con el nombre de Síndrome de Diógenes. La definición de la enfermedad es relativamente reciente, en 1975 cuando se bautizó oficialmente Nombre que en mi opinión no es excesivamente acertado, pues confunde una actitud austera y sobria de la existencia, que es lo que propugnaba Diógenes de Sínope, un filósofo de la época de Aristóteles, con un desarreglo mental que en su comportamiento patológico se aproxima más a la imagen tradicional del avaro. Debería por ello haberse bautizado por ejemplo, de Síndrome de Euclión, el avaro protagonista de la Aulularta, la comedia de Plauto, punto de partida de todos los avaros de la literatura occidental, desde el Shylock de Shakespeare, al de Molier

Generalmente estas personas se vuelven negligentes con su higiene personal y del hogar y tienden a acumular mucha basura en sus domicilio. Con frecuencia viven voluntariamente en condiciones de extrema pobreza, mientras que acumulan compulsivamente dinero sin ser conscientes de ello, pues su sensación de pobreza, les lleva a guardar grandes cantidades de basura y desperdicios sin ninguna utilidad, por creer que acumulan bienes que ellos consideran indispensables en previsión del futuro..

Las personas más propensas a este desarreglo suelen ser ancianos de ambos sexos de que quedan en situación de soledad por la muerte de la pareja. Ni un alto nivel cultural, ni la procedencia de un nivel social acomodado, ni una vida anterior normal, protegen del riesgo a los posibles pacientes. Su situación se suele complicar cuando su abandono personal les lleva con frecuencia a un mal estado alimentario y sanitario que acaba con su salud. .

Son difíciles de curar, pues no estando incapacitados,.no pueden ser ingresados en una residencia sin su consentimiento, y al rechazar voluntariamente cualquier tipo de ayuda, vuelven a su tipo de vida anterior, tan pronto como cesan al ayudas que reciban, pues es difícil trazar una frontera entre la enfermedad y un modo de vida asocial. El primer paso será corregir su alimentación y limpieza para parar cualquier proceso de degradación física, pero el riesgo a recaer en cuanto cesen los cuidados es extremo.

La incidencia de la enfermedad es baja, pero lo espectacular del caso, hace que ocurra en los casos extremos mucha resonancia mediática, haciendo parecer que se dan casos con mayor frecuencia de la que realmente se produce, no obstante al aumentar la población anciana también aumenta el número de casos. Un artículo del periódico 20 Minutos, demuestra en los comentarios del público, tanto la relativa abundancia de casos, como la impotencia que sienten los parientes para encontrar una forma de ayudar a las víctimas.

Si lamentable y triste es la situación de quien cae en esta enfermedad, no lo es menos la de los vecinos que tienen que convivir en la misma casa de uno de estos enfermos. Periódicamente aparecen en la prensa noticias de que los servicios municipales han retirado de la vivienda de una de estas personas toneladas de basura y objetos desparramados por toda la casa.

En un caso en el que tuve que intervenir en la venta de su vivienda, la basura había cubierto entre veinte y treinta centímetros de espesor por toda la casa, y aunque los servicios municipales se habían llevado varios camiones de basura, y habían ventilado la casa, cuando yo intervine, la huella aun perduraba, pues la basura había corroído el yeso de los tabiques dejando todo los bajos de las paredes de ladrillo de la vivienda a la vista.

Indudablemente convivir con una de estas personas es imposible, en el caso que intervine, el dueño del piso inmediatamente inferior, hubo de abandonar su casa ante la imposibilidad de vivir con los malos olores y los insectos que producía esa basura y todos los vecinos consideraron una bendición el día que por fin un juez atendió sus requerimientos e incapacitó definitivamente a la enferma, permitiendo que los servicios sociales se hicieran cargo del caso.